Niños aprendiendo a gestionar el enfado y la tristeza con los peluches emocionales de LUMO

Mi hijo no sabe perder: cómo ayudarle a gestionar la frustración

Todo iba bien hasta que perdió.

Estabais jugando tranquilamente, parecía estar disfrutando y, de repente, alguien gana antes que él. En pocos segundos cambia completamente la situación: se enfada, llora, tira las fichas, acusa al otro de hacer trampas o decide que ya no quiere jugar nunca más.

Y entonces aparece una preocupación bastante habitual:

“Mi hijo no sabe perder.”

A veces intentamos solucionarlo diciéndole que “solo es un juego”, que “no pasa nada” o que “hay que saber perder”. Y aunque desde nuestra mirada adulta puede parecer una reacción desproporcionada, para un niño lo que está ocurriendo en ese momento puede sentirse de una manera muy diferente.

Perder significa enfrentarse a algo que no ha sucedido como esperaba.

Quería ganar y no ha ganado.

Quería ser el primero y otro ha llegado antes.

Quería construir una torre y se ha caído.

Quería hacer un dibujo de determinada manera y no le ha salido.

Quería marcar un gol y ha fallado.

Quería conseguir algo… y no ha podido.

Y ahí aparece una emoción imprescindible durante la infancia: la frustración.

Nuestro objetivo no debería ser conseguir que al niño le dé igual perder. Tampoco necesitamos enseñarle a sonreír inmediatamente cuando algo no sale como esperaba.

Lo que necesita aprender, poco a poco, es algo mucho más importante:

“Puedo sentir frustración cuando algo no sale como quiero y aprender qué hacer con lo que siento.”

Ese aprendizaje no ocurre con una explicación. Se construye con muchas pequeñas experiencias a lo largo de la infancia.

¿Por qué algunos niños llevan tan mal perder?

La frustración aparece cuando existe una diferencia entre lo que queremos que ocurra y lo que realmente ocurre.

Y durante la infancia hay muchísimas situaciones así.

No puedo comer otro helado.

Tengo que apagar la televisión.

Mi hermano tiene el juguete que quiero.

No me sale un ejercicio.

Otro niño corre más rápido que yo.

He perdido una partida.

No puedo ser siempre el primero.

Los adultos hemos vivido miles de experiencias de frustración. Aun así, seguimos enfadándonos cuando algo importante no sale como esperábamos.

Imaginemos entonces lo que supone para un niño que todavía está desarrollando su capacidad para regular emociones intensas, esperar, flexibilizar sus expectativas y controlar determinados impulsos.

Por eso, cuando pierde y reacciona con un gran enfado, no debemos interpretar automáticamente que es un niño caprichoso, excesivamente competitivo o maleducado.

Necesitamos mirar un poco más allá de la conducta.

Quizá todavía tiene poca tolerancia a la frustración.

Quizá necesita sentirse competente.

Quizá le cuesta muchísimo equivocarse.

Quizá interpreta perder como “no soy bueno”.

Quizá está cansado, tiene hambre o ya venía emocionalmente saturado.

O quizá simplemente todavía está aprendiendo a perder.

Y aprender a perder también forma parte del desarrollo.

Perder no debería convertirse en “ser un perdedor”

Hay una diferencia enorme entre pensar:

“He perdido esta partida.”

y pensar:

“Soy malo en esto.”

Algunos niños relacionan muy rápidamente el resultado con su propio valor.

Si gano, soy bueno.

Si pierdo, soy malo.

Si me sale, puedo.

Si no me sale, no valgo.

Por eso es tan importante que los adultos tengamos cuidado con los mensajes que transmitimos alrededor del éxito, el error y la competición.

Si celebramos exageradamente únicamente el resultado, preguntamos siempre “¿has ganado?” o elogiamos constantemente al niño por ser “el mejor”, podemos hacer que ganar adquiera demasiado peso.

Podemos empezar a cambiar el foco.

En lugar de:

“¡Eres el mejor!”

podemos decir:

“Te has esforzado muchísimo.”

En lugar de:

“¡Has ganado!”

podemos añadir:

“¿Te lo has pasado bien jugando?”

Y cuando pierda:

“Hoy no has ganado y veo que te ha dado mucha rabia.”

Estamos enseñándole algo fundamental:

el resultado de una actividad no define quién es.

¿Qué ocurre en su cuerpo cuando aparece la frustración?

Las emociones no ocurren solamente en nuestra cabeza.

También aparecen en el cuerpo.

Cuando un niño pierde y se enfada intensamente puede notar calor, tensión muscular, respiración más rápida, ganas de gritar, llorar, tirar algo o abandonar inmediatamente la situación.

En ese momento, pedirle:

“Piensa.”

“Cálmate.”

“Explícame por qué estás así.”

puede resultar poco útil.

Primero necesitamos ayudarle a recuperar cierto equilibrio.

Después podremos hablar.

Esta diferencia entre el momento de la emoción y el momento del aprendizaje es especialmente importante.

Cuando la intensidad emocional está muy alta, nuestra prioridad no debería ser dar una lección sobre deportividad.

Nuestra prioridad es acompañar, mantener el límite y ayudar a regular.

El aprendizaje vendrá después.

Qué hacer cuando pierde y aparece una gran explosión

Imaginemos que estamos jugando y nuestro hijo pierde.

Empieza a gritar y tira las fichas.

Podemos acercarnos y decir:

“Veo que estás muy enfadado porque querías ganar.”

Estamos reconociendo la emoción.

Pero validar una emoción no significa permitir cualquier conducta.

Si empieza a lanzar objetos podemos añadir:

“Puedes estar enfadado. Las fichas no se tiran.”

Esta frase contiene dos aprendizajes diferentes:

Tu emoción es válida.

Tu conducta tiene límites.

Y esta distinción es una de las bases de una educación emocional saludable.

No necesitamos decir:

“Qué tontería.”

“Siempre haces lo mismo.”

“Como te pongas así no jugamos nunca más.”

“Hay que saber perder.”

“Tu hermana sí sabe jugar.”

Porque probablemente no le enseñarán a gestionar la frustración. Pueden añadir vergüenza, comparación o más enfado a lo que ya está sintiendo.

Podemos mantenernos firmes y tranquilos:

“Entiendo que querías ganar. Hoy ha ganado papá. Cuando estés preparado recogemos las fichas.”

Y dejamos espacio.

No le dejes ganar siempre para evitar el enfado

Cuando sabemos que nuestro hijo reaccionará mal si pierde, puede aparecer una tentación muy comprensible:

dejarle ganar.

Así evitamos el conflicto.

Y hacerlo alguna vez dentro del juego no supone ningún problema.

La dificultad aparece cuando el niño siempre gana porque los adultos modificamos el resultado para evitar su frustración.

Entonces pierde una oportunidad muy valiosa de aprendizaje.

Necesita experimentar pequeñas dosis de frustración dentro de un entorno seguro.

Perder una partida.

Esperar un turno.

No conseguir algo a la primera.

Tener que volver a intentarlo.

Comprobar que otro puede hacerlo mejor.

Y descubrir algo fundamental:

“No me ha gustado perder… pero puedo soportarlo.”

Esa experiencia repetida es muchísimo más poderosa que decirle cien veces:

“Hay que saber perder.”

No necesitamos provocar frustraciones innecesariamente. La vida cotidiana ya ofrece suficientes.

Nuestra función consiste en acompañarle mientras desarrolla recursos para afrontarlas.

Enseñarle a perder empieza mucho antes de perder

Una estrategia especialmente útil es hablar de ello antes de comenzar el juego, cuando todos estamos tranquilos.

Podemos decir:

“En este juego unas veces ganarás tú y otras ganará otra persona.”

“Puede que hoy pierdas.”

“Si aparece el enfado, ¿qué podemos hacer?”

Estamos anticipando la situación.

Incluso podemos crear juntos un pequeño plan:

Paro.

Noto mi cuerpo.

Respiro.

Digo lo que siento.

Decido si quiero seguir jugando o necesito unos minutos.

No esperamos que un niño pequeño recuerde perfectamente estos pasos cuando esté muy enfadado.

Pero con repetición, acompañamiento y maduración, esas estrategias empiezan a convertirse en recursos internos.

LUMO y la frustración: primero identificamos lo que está ocurriendo

En Aprende con LUMO trabajamos desde una idea sencilla: es mucho más difícil gestionar algo que todavía no sabemos identificar.

Cuando un niño pierde puede decir simplemente:

“¡No vale!”

“¡Has hecho trampas!”

“¡No juego!”

Pero detrás puede haber enfado, tristeza, vergüenza, decepción o incluso miedo a equivocarse.

Los peluches emocionales pueden ayudarnos a convertir esa experiencia interna en algo visible.

Cuando el niño ya esté tranquilo podemos acercar los Lumos y preguntarle:

“¿Qué Lumo apareció cuando perdiste?”

Quizá elija el del enfado.

Entonces podemos continuar:

“¿Dónde notaste ese enfado en tu cuerpo?”

“En las manos.”

“En la barriga.”

“Tenía ganas de tirar todo.”

Y después:

“¿Qué podríamos hacer la próxima vez cuando aparezca?”

El peluche no elimina la emoción ni sustituye el acompañamiento del adulto.

Funciona como un apoyo concreto para facilitar la identificación, el lenguaje y la comunicación emocional.

Poco a poco, buscamos que el niño pueda pasar de:

“¡No vale!”

a:

“Estoy muy enfadado porque quería ganar.”

Puede parecer una diferencia pequeña.

Emocionalmente es enorme.

Porque el niño está dejando de expresar únicamente la emoción mediante una conducta y empieza a poner palabras a su experiencia interna.

7 formas de ayudar a un niño que no sabe perder

Podemos trabajar la tolerancia a la frustración en situaciones cotidianas sin convertirlo en una clase.

1. Juega a juegos donde no siempre pueda ganar.
Los juegos de mesa, las carreras o los pequeños retos ofrecen oportunidades naturales para practicar. No hace falta modificar constantemente el resultado.

2. Normaliza tu propia frustración.
Si algo no te sale, puedes verbalizarlo: “Uf, me ha dado rabia porque quería que me saliera. Voy a intentarlo otra vez”. El niño aprende muchísimo observando cómo gestionamos nosotros nuestros errores.

3. Valora el proceso, no solamente el resultado.
Habla de esfuerzo, estrategias, perseverancia, diversión y aprendizaje. Ganar puede celebrarse, pero no debería ser la única parte importante.

4. Evita comparaciones.
“Tu hermano pierde y no se pone así” no enseña regulación emocional. Probablemente añade vergüenza y aumenta el conflicto.

5. Permite pequeñas frustraciones.
No resuelvas inmediatamente cada dificultad. Si algo no le sale, dale tiempo para intentarlo antes de intervenir.

6. Pon palabras a lo que ocurre.
“Querías conseguirlo y no ha salido. Entiendo que estés frustrado.” Nombrar la experiencia ayuda a organizarla.

7. Hablad después de la explosión.
Cuando haya recuperado la calma podéis pensar juntos qué ocurrió y qué podría hacer la próxima vez. El mejor momento para enseñar regulación emocional no suele ser el momento de máxima intensidad emocional.

Una actividad sencilla: “Hoy pierdo yo”

Podemos convertir el aprendizaje en un pequeño juego familiar.

Elegimos un juego corto.

Antes de empezar, cada persona piensa una frase que puede utilizar si pierde:

“Me da rabia, pero puedo seguir.”

“Hoy has ganado tú.”

“Quiero intentarlo otra vez.”

“Necesito un minuto.”

Jugamos.

Cuando alguien pierde, los adultos también modelamos la respuesta.

Si perdemos nosotros podemos decir:

“¡Jo! Quería ganar. Me ha dado un poquito de rabia.”

Hacemos una pausa.

“Bueno, hoy has ganado tú. ¿Otra partida?”

Estamos mostrando algo muy importante: sentir frustración y comportarnos respetuosamente pueden ocurrir al mismo tiempo.

No buscamos que el niño copie una frase como un robot.

Buscamos que vea una y otra vez cómo se puede atravesar una pequeña decepción sin que todo se derrumbe.

¿Y si hace trampas para ganar?

También es bastante habitual.

Cuando ganar se vuelve demasiado importante, algunos niños intentan cambiar las reglas, mover una ficha cuando nadie mira o inventar una norma nueva justo cuando van perdiendo.

No necesitamos humillarles ni etiquetarles:

“Eres un tramposo.”

Podemos centrarnos en la conducta:

“Has movido la ficha a otro sitio porque querías ganar. Entiendo que tengas muchas ganas de conseguirlo, pero para jugar necesitamos respetar las reglas.”

Si continúa:

“Si ahora te cuesta jugar respetando las reglas, paramos y podremos intentarlo en otro momento.”

De nuevo encontramos la combinación que buscamos:

comprensión emocional + límite claro.

¿Cuándo deberíamos prestar más atención?

Enfadarse al perder puede formar parte del desarrollo, especialmente en determinadas edades y etapas.

Lo importante es observar la intensidad, la frecuencia, la duración y cuánto interfiere en su vida cotidiana.

Conviene prestar especial atención si la frustración genera de manera persistente reacciones extremadamente intensas, agresiones frecuentes, una gran dificultad para participar en actividades donde existe posibilidad de perder, rechazo constante a probar cosas nuevas por miedo a equivocarse o un malestar que afecta significativamente a sus relaciones y actividades.

En esos casos puede ser útil consultar con un profesional que pueda valorar al niño de manera individual.

Porque detrás de una misma conducta pueden existir necesidades diferentes.

No queremos enseñarle que perder “no importa”

Claro que puede importarle.

Puede querer ganar.

Puede sentirse orgulloso cuando consigue algo.

Puede enfadarse cuando pierde.

Puede necesitar unos minutos.

Todo eso tiene espacio.

El aprendizaje consiste en descubrir que una emoción intensa no tiene por qué decidir nuestra conducta.

Hoy quizá pierda y tire las fichas.

Más adelante perderá y necesitará alejarse unos minutos.

Otro día podrá decir:

“Estoy enfadado porque quería ganar.”

Y llegará un momento en el que quizá respire y diga:

“Jo… otra vez será.”

No porque hayamos conseguido que deje de sentir frustración.

Sino porque ha aprendido poco a poco a reconocerla, tolerarla y expresarla de una manera más saludable.

Ese es el verdadero objetivo.

No criar niños a los que nunca les moleste perder.

Sino acompañar a niños que puedan enfrentarse a un:

“No ha salido como yo quería”

sin sentir que por eso todo está perdido.

Porque aprender a perder una partida es solo una pequeña parte de un aprendizaje mucho mayor: aprender a convivir con la frustración, volver a intentarlo y descubrir que equivocarse, esperar y no conseguir siempre lo que queremos también forman parte de crecer.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable: Laura Roselló Lara.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio. El Titular ha contratado los servicios de alojamiento web a https://www.hostinger.es que actúa como encargado de tratamiento.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional: Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.
Privacidad